Los vecinos Cuando era pequeña la imagen de los vecinos estaba representada por la señora del tercero derecha. Cuando salía a la escalera llorando porque me daba miedo estar sola en casa, ella me acogía en la suya, me daba galletas y un muñeco olvidado de sus nietos. Yo le tiraba la basura de paso que llevaba la mía. Ella andaba pendiente de mis padres, sus *****pleaños y enfermedades. Si no tenías en casa huevos, sal o pan, siempre podías contar con ella. En la actualidad los vecinos son enemigos, escudriñando tras las mirillas de sus casas. Si te saludan cordialmente al verte es algo inaudito. Lo normal es que cierren la puerta deprisa, o entren atropelladamente en el ascensor pulsando frenéticos el botón de su piso, para no verte y evitarse así un 'buenos días'. Las reuniones de vecinos suelen estar tan vacías como el Congreso de los Diputados. Ni tan siquiera va el presidente, y no es de extrañar. Se discuten cosas como que los perros no pueden montar en el ascensor porque se les cae el pelo. Y digo yo: ¿Al vecino del primero con su alopecia galopante --no te preocupes Carlos, tu mención será anónima--, también le obligamos a subir andando --aunque no le vendría mal, que está un poco fondón--? 'Perros no' dicen ellos, pero sí niños que pintan las paredes, dan patadas a las mismas, tiran petardos en el patio, rompen las farolas jugando al futbol --e incluso sin jugar al futbol--, y se pasan la semana gritando a pleno pulmón. Son criaturas del señor que tienen todo el derecho al vandalismo y que nadie se meta con ellos porque te denuncian por malos tratos --sigue dando por culo con la moto con el tubarro raspado, majete--. Y la música... Ahhh, la música. Una de las cosas que me fascina de los vecinos es su espiritu por compartir la música que escuchan con el resto de la humanidad --si la SGAE supiera: he montado un mercadillo con las grabaciones del reggeton del vecino de abajo y los 'exitos de ayer y hoy del heavy metal' del tipo de al lado, incluso hago mezclas con los carraspeos del abuelo del otro lado--. Del invento de los cascos no han oído ni hablar --eso es pa los pilotos y los soldaos--. Y es que mal gusto musical puede tener todo el mundo, pero querer compartirlo de forma tan orgullosa... En nuestra Comunidad se produce un efecto curioso: cada vez que un vecino se queda encerrado en el ascensor --cosa que ocurre muy amenudo-- los vecinos desarrollan una sordera temporal, ya que nadie parece oir los alaridos del afectado; por más espeluzantes que estos sean. Un día de estos nos encontraremos el cadaver de alguno dentro --pero tampoco pasa nada, se aparta y ya está--, tiempo al tiempo. Lo de mover muebles, cerrar puertas enérgicamente, y las carreras de atletismo a las doce de la noche merece una mención aparte. La primera vez que oí esos ruidos pensé que había comprado una casa embrujada --aunque al final sí que resultó haber fantasmas, pero de los otros--. Estaba por llamar al padre Karras cuando me percaté de que las voces no venían del inframundo, sino del piso de abajo. Y mi vecino es enfermero, no pregonero. Y cuando uno trata de arreglar todas estas circunstancias hablando civilizadamente con ellos, resulta que empiezan a contarte que la culpa la tiene el cha cha cha --el CHAvacano CHAval del segundo DereCHA--, que le tiene manía; y que por eso él o ella, hace esto, porque fulanito hace aquello; y fulanito hace lo de más allá, porque menganito hizo lo de más acá. Así hasta el Genésis, que al final está claro que la culpa la tuvieron Adan y Eva, que no supieron convivir con las serpientes. |