| Dormirte en el metro | | Enviado por el 11-Mar-2007 | | 795 Personas han leído este chiste. | | A este respecto existe una leyenda urbana muy extendida que
consiste en creer que cuando uno se duerme en el metro apoya su cabeza en el
hombro del que tiene sentado al lado, pero esto es rigurosamente falso. Si que
es cierto que muchas cabezas cogen ángulos imposibles en cualquier dirección,
pero en todos los años que llevo viajando en el metro nadie ha apoyado su cabeza
en mi hombro y eso que considero que no tengo un hombro especialmente
desagradable.
Mi opinión es que el cuerpo es muy sabio y cuando detecta
por el traqueteo que estas viajando en transporte publico y que, además, te
estás durmiendo endurece los músculos cervicales o fusiona las vertebras (esto
ultimo faltan unas ultimas pruebas para demostrarlo) para que la cabeza se
mantenga tiesa. Esto además de ser un rato incomodo hace que cuando te
despiertas tengas la gracilidad de robocop sin engrasar y te da la impresión de
que nunca más volverás a tener el control completo de la cabeza, pero de los
efectos del despertar ya hablaré más tarde, ahora a lo principal, como llega uno
a dormirse en el metro.
Una vez un gran sabio, que para sacarse unas
perrillas trabajaba de guardia jurado, dijo: 'La mejor forma de dormirse es no
querer hacerlo'. Y es cierto, uno viaja en el metro cansado pero con un sentido
de vergüenza ajena grande y de la propia ya ni hablamos cuando empieza a notar
que los parpados van cargados, cargados. Y empieza una lucha digna de 'El hombre
y la tierra', yo imagino que el cerebro está dividido:
- Pero duérmete
que es lo mejor para ti, mira yo dejo el subconsciente alerta y cuando llegue tu
parada te aviso. - No te duermas, toda esta gente te está mirando - Quien
te va a mirar a ti con ese chico/chica que hay al fondo del vagón. - No te
acuerdas de la babilla que se te cae cuando duermes...
Y este es un
razonamiento de un peso enorme para luchar con uñas y dientes para no dormirse.
Esta lucha suele durar 10 o 15 segundos, cortos pero muy intensos. Y ahora sí
uno se comienza a dormir, y no es un sueño normal, porque si fuera un sueño
normal comenzaría con una fase más leve, al cabo de unas horas sería la fase de
sueño profundo, pero otra vez más, demostrando que el cuerpo humano es muy
sabio, se salta todas las fases previas y pasas de estar despierto y leyendo el
periódico del de delante a estar completamente dormido, aislado del exterior y
ya podrían pasar por delante tuyo los sanfermines con chupinazo incluido que no
te despierta nadie. Bueno decir nadie es mucho decir, te despierta el
subconsciente, ese que se quedó despierto para avisarte de la parada, y si
pudiera hablar te diría algo así.
- Ups, lo siento me
despisté.
Porque siempre pasa, te despierta para que puedas ver como se
cierran las puertas en la estación que tenías que bajarte. Y ahora viene lo
bueno porque no ha despertado a todo tu cuerpo, solo ha despertado al ojo
derecho y a medio cerebro así que como movido por un resorte sales disparado del
asiento y se te olvida que sobre las piernas tienes papeles como para empapelar
el recibidor del príncipe, la mano sigue dormida así que justo levantarte y como
si estuvierais imantados con el mismo polo todo los papeles se alejan de ti a
los rincones más lejanos del metro. Pero el metro es como Gran Hermano, el
conductor que todo lo ve aunque había hecho sonar el pito y había comenzado a
cerrar las puertas vuelve abrirlas. Ultima oportunidad, así que uno decide
sacrificar los papeles más lejanos ('esos ya me los sé') recoge lo que puede y
dos o tres traspiés con la cabeza a la altura de la cintura como si fuera a
embestir la puerta a cabezazos y en ese momento, se acabó la gracia del
conductor y cierra las puertas.
El subconsciente ha conseguido despertar
al resto del cuerpo, especialmente al sentimiento de vergüenza que se dispara y
a uno le entra el momento digno. Te quedas al lado de la puerta como si nada
hubiera pasado mirando a la gente (que ahora si que te mira) con cara de 'esa no
era mi parada, yo es que siempre me levanto así', además tu duele ligeramente la
cabeza como si antes de dormirte te hubiera bebido varios litros de orujo que
hubieras destilado con prisa sin saber muy bien como hacerlo, pero eso si muy
digno. En la siguiente parada uno se baja, va a la otra vía y espera el metro
que va en dirección opuesta.
Te sientes mal y te prometes a
ti mismo que nunca más volverás a dormirte en el metro. Pobre infeliz.
Autor: Sr Acido
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